29 feb. 2008

Gaudí IV

No quería acabar la obra yo, porque no convendría. Una obra así ha de ser hija de una larga época; cuanto más larga mejor. Se ha de conservar siempre el espíritu del monumento, pero su vida a de depender de las generaciones que se la transmiten y con las cuales vive y se encarna. La mejor de nuestras catedrales, la de Tarragona, impone y encanta a la vez por su magnífica variedad. La obra de un solo hombre ha de ser forzosamente raquítica, y muerta en el momento de nacer.

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